La vida y obra de Álvaro Ulcué Chocué permanecen vigentes en el Cauca por la fuerza de la palabra.

Colombia

El legado de Álvaro Ulcué Chocué

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Aug 1, 2015 Compartir

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Los indígenas preservan la memoria de los que se fueron a través de la palabra. La obra y vida de quienes murieron en defensa de sus territorios son recordadas mediante manifestaciones culturales.

Un nombre que permanece vigente en los pueblos del Cauca es el del padre Álvaro Ulcué Chocué, primer sacerdote católico indígena de Colombia. Ulcué fue asesinado en noviembre de 1984, debido a su lucha constante en la exigencia de la dignidad de los pueblos ancestrales, en particular la de los del Cauca.

El religioso, quien murió a sus 41 años, se dedicó a fortalecer los procesos colectivos de los indígenas y a rechazar todo acto que afectara las tradiciones y la autonomía de las comunidades.

A mediados de 1980, y de la mano de los habitantes del municipio de Toribío, Ulcué creó el Proyecto Nasa. De este programa emblemático, aún en funcionamiento, se desprenden iniciativas de tipo social y productivas dirigidas a niños y jóvenes, y a educadores.

La obra del Sacerdote es recordada todos los años, especialmente por los jóvenes comuneros, quienes a través de mingas, encuentros y foros, comparten su historia y sus mensajes de esperanza.

La vida, muerte y legado de Álvaro Ulcué

Fabián Dagua Campo, coordinador de la red estudiantil del Movimiento Juvenil Álvaro Ulcué Chocué, compartió la historia del Sacerdote en un encuentro con jóvenes de Toribío:

“Nació el 6 de julio de 1943, en una humilde vivienda indígena de origen Nasa, del corregimiento de Pueblo Nuevo (Caldono). Desde pequeño era inquieto por el estudio, iba a la escuela pero escuchaba las clases desde las ventanas, pues por falta de recursos económicos no logró empezar a muy corta edad. Pudo iniciar la primaria a partir de los 11 años. Desde muy joven se conoció su vocación por el sacerdocio, y una de sus primeras luchas fue seguir el catolicismo, luego de varios años consiguió apoyos para continuar con su sueño, fue así cuando el 10 de julio de 1973 fue ordenado como sacerdote en Popayán y celebró su primera misa en Pueblo Nuevo”.

En su charla, Dagua también mencionó que el padre Álvaro fue párroco en la capital del departamento, Popayán, y en varios municipios del Cauca, como Bolívar, Santander de Quilichao, Jambaló, Toribío y Tacueyó.

“La biografía la compartimos en muchos espacios, por eso los jóvenes sabemos y conocemos de la historia de él, siempre recordamos su memoria”, dijo Dagua.

Siguiendo la historia, el Sacerdote tuvo especial reconocimiento en el norte del Cauca por su liderazgo nato y por denunciar a viva voz las situaciones de despojo, maltrato y pobreza que afrontaban las comunidades indígenas.

“A él le tocaron las primeras etapas de consolidación del Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC, y en la época más dura de represión del Estado (década de 1980) en donde, digamos, la clase terrateniente tenía sus propios grupos de autodefensa y junto con el Estado persiguieron constantemente a las comunidades indígenas que venían de esta lucha por la madre tierra”, dijo el orientador Nixon Yatacué.

Fue así como Álvaro Ulcué apoyó en el proceso organizativo de los pueblos tradicionales y en la lucha de la recuperación de las tierras.

“El significado para nosotros ha sido su historia. La fuerza es el pilar político y pedagógico con el que nos paramos para posicionar la organización en todo el territorio”, dijo a su turno Jorge Palomino, ex coordinador del movimiento juvenil.

En su relato sobre la vida y la muerte de Ulcué, el joven Dagua también contó el trágico hecho que llevó al crimen del sacerdote: “El 9 de noviembre de 1984, los militares arrasaron en la recuperación de López Adentro, [resguardo indígena en Corinto, Cauca] quemaron las viviendas de 150 familias indígenas y con maquinaria destruyeron 300 hectáreas de sus cultivos. Ese hecho motivó un rechazo por parte del padre Álvaro. Un día después de esa situación, como a eso de las ocho de la mañana, y cuando llegaba en su campero al albergue Santa Inés, en Santander de Quilichao, dos hombres armados que se movilizaban en una motocicleta le dispararon hasta causarle la muerte”.

En el presente se vive y se recuerda la memoria de Álvaro Ulcué, con el propósito de vincular las acciones de la comunidad a la práctica de su mensaje. A los jóvenes les queda la tarea de seguir recordando y compartiendo su legado, así como el de centenares de indígenas que han muerto en el Cauca por defender sus ideales.

Frases para no olvidar

La Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca reconoce a Álvaro Ulcué Chocué como un “caminante de la palabra y de la esperanza” y de su legado destaca el orgullo de ser indígena. Dentro de las labores que realiza la organización en tributo y su memoria está la recuperación de sus frases, las cuales comparte en distintos espacios comunitarios y educativos, así como en asambleas.

Los mensajes del Sacerdote invitaban a la defensa de los derechos, a la superación personal, a la unidad y a la vida digna. Aquí, una pequeña selección:

“A los jóvenes los invito a estudiar y a luchar fuertemente sin cansarse. Ojalá no les de pena ser indígenas”.

“Si quieres cambiar algo en la comunidad debes empezar desde los niños y los jóvenes”

“La palabra sin la acción es vacía, la acción sin la palabra es ciega, la palabra y la acción por fuera del espíritu de la comunidad son la muerte”.

“No olvidemos que los Paeces siempre vencimos ante los conquistadores y esto nos enorgullece para seguir adelante y no tener miedo a la muerte. Por eso yo invito a que ustedes piensen y a que sean valientes”.

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