Guardianes de la selva amazónica en la COP27 reclamaron demarcación y protección en sus territorios

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Nov 17, 2022 Compartir

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En la conferencia sobre el cambio climático, los pueblos indígenas elevaron su voz para exigirle al mundo protección de los bosques y garantías en sus propios territorios. 

Desde Sharm el-Sheikh, Egipto, reportaje especial de Agenda Propia en colaboración con Sumaúma.

Los grupos indígenas de la Amazonía han exigido un papel más central en la lucha contra la crisis climática, por lo que han demandado derechos territoriales sobre 100 millones de hectáreas adicionales de tierra en esta región y han instado a las Naciones Unidas a organizar una futura conferencia en la selva tropical más grande del mundo.

Durante las dos semanas de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, COP27, con sede en Sharm el-Sheikh, Egipto, los y las representantes de los pueblos originarios advirtieron que los actuales enfoques “eurocéntricos” para restaurar la naturaleza y estabilizar el clima están fallando y se debe buscar una nueva perspectiva con urgencia.

“El 17% de la masa boscosa de la cuenca amazónica ha desaparecido y si llegamos al 20%, el bioma amazónico no va a tener la capacidad de autorregenerarse por sí sola”, advirtió Harold Rincón Ipuchima, indígena Tikuna, coordinador de Cambio Climático y Biodiversidad de la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica, Coica, entidad que representa a 511 pueblos indígenas.

Coica propone que de los 250 millones de tierras “baldías” en el bioma, se entreguen títulos colectivos de 100 millones de hectáreas a comunidades indígenas. “Una vez se garantice esa propiedad, esa tenencia, los sistemas de conocimiento indígena se regularán por sí solos, garantizando la gobernanza y la protección de la biodiversidad”, resaltó Harold.

En el evento internacional, el papel global de la Amazonía fue enfatizado en repetidas oportunidades. Además de ser el sumidero de carbono terrestre más importante del mundo, con una superficie de 7,4 millones de kilómetros cuadrados, este vasto bioma es también la cuenca fluvial más grande del planeta y contiene aproximadamente el 20% del agua dulce superficial del mundo, según datos de la Comisión Económica para América Latina, Cepal.

Harold advirtió que si no se toman acciones ahora y con rapidez, “continuarán los procesos de sabanización y posterior desertificación de la Amazonía, poniendo en riesgo la vida de miles de especies de fauna y flora, comunidades y conocimientos”. Por esta razón, “ les estamos diciendo a los gobiernos del mundo y de los gobiernos amazónicos que necesitamos proteger el 80% restante de la biodiversidad amazónica”.

Para la lideresa indígena Sonia Guajajara, recientemente elegida diputada brasileña, es fundamental que los países amazónicos avancen en la demarcación de tierras para “asegurar y proteger nuestro futuro y la vida del mundo”. Sonia agregó que en su país existe “una negación de que las comunidades indígenas fueran habitantes originarias de algunas tierras”, lo que ha provocado que se invadan y destruyan territorios.

Este llamado de titulación de la tierra también busca la protección de los pueblos indígenas en aislamiento voluntario. Una de las voces que se sumó al pedido de seguridad jurídica fue la de la lideresa Tabea Casique Coronado, del pueblo Ashéninka, de la Asociación Interétnica para el Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep). “Hemos estado luchando con nuestros gobiernos por el 100% de seguridad territorial. Además de una garantía de territorio, también es urgente proteger a nuestros hermanos en aislamiento y en contacto inicial”, dijo.

A nivel estatal, Brasil, la República Democrática del Congo e Indonesia, que en conjunto representan el 52% de las selvas tropicales del mundo, lanzaron formalmente una asociación para gestionar la conservación y más financiamiento internacional. “No hay seguridad planetaria sin una Amazonía protegida”, dijo el nuevo presidente electo de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, a una audiencia repleta de delegados. Lula ha prometido que su gobierno apuntará a la deforestación cero, establecerá un nuevo ministerio que se encargará de asuntos indígenas y utilizará el poder del estado para desalojar a los mineros ilegales, madereros y acaparadores de tierras que han invadido territorios indígenas.

Violencia en territorios ancestrales

Las comunidades indígenas exigen participación en el financiamiento y la justicia climática. Delegados de Brasil, Colombia, Ecuador y Perú dijeron en la COP27 que sus territorios ancestrales se han convertido en corredores para el narcotráfico, el crimen organizado y la deforestación. Dicen que sus bosques sagrados están desapareciendo lentamente como resultado de las incursiones destructivas en su tierra. “El mercurio usado en la minería contamina a niños, niñas y madres de nuestras comunidades, hay muchas dragas de mineros en nuestros territorios”, dijo Marciely Ayap Tupari, secretaria de la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Amazonía Brasileña, Coiab, y añadió que “hay muchas invasiones de madereros ilegales”.

Mientras se desarrollaba la COP27, en las tierras áridas del Monte Sinaí en Egipto, a miles de kilómetros una mujer yanomami fue asesinada en Brasil. Según la organización Survival, el sábado, 14 de noviembre, “dos hombres dispararon contra un grupo de indígenas yanomamis que acampaban en Boa Vista, la capital de Roraima. La madre de un bebé recibió un balazo en la cabeza y murió en el acto”. Los yanomami han sido perseguidos y sus tierras invadidas por mineros ilegales en la frontera brasileña con la venezolana. 

“Los yanomami están siendo obligados a salir (de sus comunidades) porque no tienen asistencia social, porque sus territorios están siendo invadidos, principalmente por mineros. Por eso están saliendo a las ciudades, a las calles. Y la gente en las ciudades no quiere a los indígenas y por eso los ataca. Hay mucha discriminación”, dijo Joenia Wapichana, una mujer indígena que recientemente fue elegida para el Congreso de Brasil. En la COP27, Joenia llamó a respetar la vida de las mujeres indígenas, que son las guardianas de los conocimientos ancestrales.

El caso de los Yanomami, en Brasil, es solo una de las tragedias que enfrentan los pueblos indígenas amazónicos, a la que se suma la de Colombia como el país más letal para las y los guardianes de la selva. Según el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, Indepaz, en lo que va corrido de 2022, 25 defensores han sido asesinados en territorios amazónicos en Colombia y más de 160 en todo el país.

“Los actores armados nunca han salido de la Amazonía a pesar del acuerdo de paz (firmado en 2016 por el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC), los actores armados se quedaron, hay una reconfiguración sobre todo en el marco del narcotráfico, de la minería ilegal, de otras posibilidades económicas ilegales que presenta la región amazónica”, dijo Julio César López, indígena Inga, representante de la Organización Nacional de los Pueblos Indígenas de la Amazonía Colombiana, Opiac. En palabras de Julio César, es fundamental que se abran más espacios de diálogo y política participativa para que las comunidades tengan más paz.

Financiación climática por la Amazonía

Uno de los desafíos para quienes intentan salvar la Amazonía es garantizar el financiamiento suficiente para restaurar los bosques y evitar una mayor deforestación. La mitigación, la adaptación, las pérdidas y los daños han sido temas centrales de las negociaciones de la COP27.

A los pueblos indígenas les preocupa que los recursos no están llegando directamente a las comunidades. Así lo demostró un estudio de Rainforest Foundation Norway (2021) al señalar que tan solo el 1% de los dineros para la gestión forestal se depositó a organizaciones indígenas y comunidades locales en los países donde hay bosque tropical. Otro informe del Forest Tenure Funders Group (2022) reveló que solo el 7% de la financiación acordada para la gobernanza de los pueblos indígenas (unos 1.700 millones de dólares) por gobiernos y organizaciones privadas un año atrás, en la COP26 en Glasgow, Reino Unido, más del 50% fue entregado a intermediarios.

Organizaciones indígenas exigen que los fondos vayan directamente a los pueblos originarios. “Son los verdaderos expertos y protectores del bosque”, dijo José Gregorio Díaz Mirabal, coordinador general de la Coica. “El financiamiento es una necesidad. Cualquier tecnología para salvar el bosque es muy costosa. La energía, que no es un combustible fósil, como la energía solar, es súper costosa. Se necesitan recursos para eso, y también para garantizar mejores condiciones para nuestra gente”.

Una de las propuestas de apoyo económico y reconocimiento al rol de manejo forestal de los pueblos indígenas la hizo el presidente de Colombia, Gustavo Petro: “Debemos salvar los pilares del clima del planeta. La selva amazónica es una. Colombia otorgará $200 millones anuales durante 20 años para salvar la selva amazónica. Estamos a la espera del aporte global”. En su intervención, Petro también llamó a la unidad de los países amazónicos.

José Gregorio de la Coica apoyó la iniciativa del Presidente colombiano y dijo que estaba alentado por los recientes movimientos de Brasil y Venezuela para participar, y por Francia para apoyar la participación de los pueblos indígenas. Sin embargo, advirtió que muchos países poderosos han sido tibios: “Estados Unidos, China, Rusia, gran parte de la Unión Europea, con excepción de Noruega, Dinamarca y Alemania, no han mostrado cambios reales”.

Las fundaciones internacionales dijeron que algunas organizaciones necesitan construir una arquitectura para la transferencia de fondos. “Si inundas una comunidad con mucho dinero, lo que va a pasar es que si no hay una arquitectura institucional fuerte y transparente, puede ser algo negativo porque puede generar conflictos entre las personas”, dijo Avecita Chicchón, directora de programas de la Iniciativa Andes-Amazonas de la Fundación Moore.

Las Naciones Unidas informó que de los 12.000 millones de dólares comprometidos en Glasgow para proteger y restaurar los bosques durante el período 2021-2025, ya se han gastado 2.670 millones, y que los donantes públicos y privados han comprometido otros 4.500 millones desde entonces.

Los pueblos indígenas aseguraron que tienen la capacidad organizativa, social y de conocimiento para salvaguardar el bosque, como lo han hecho durante milenios. Muchos piden una nueva forma de hacer las cosas.

Una próxima COP en la Amazonía

A pesar de las restricciones al derecho a la protesta por parte del gobierno de Egipto, en la COP27 los pueblos indígenas se unieron a las pocas manifestaciones y alzaron sus voces en debates y canciones. Entre sus demandas estaba la realización de una conferencia climática internacional en territorio amazónico.

Las Naciones Unidas han dicho que la próxima COP será en los Emiratos Árabes Unidos en 2023, la COP29 está programada en Europa del Este en 2024, y solo hasta 2025 la COP llegaría a América Latina y el Caribe. Los grupos indígenas dicen que una COP en un país amazónico ayudaría al mundo a comprender la magnitud del daño y la necesidad de sostener y defender el bioma.

“Las políticas de calentamiento global no pueden centralizarse desde una perspectiva europea en la discusión. Hay que entender las particularidades de las siete regiones del mundo, y una de esas regiones es la cuenca del Amazonas, que tiene el equilibrio de toda la madre naturaleza”, dijo Leonidas Iza, presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie).

Gustavo Petro, presidente de Colombia, propuso una COP amazónica, y Lula, el presidente electo de Brasil, ha dicho que se celebrará en su país. “Brasil no puede estar aislado como lo ha estado en los últimos cuatro años”, enfatizó, refiriéndose al gobierno de Jair Bolsonaro.

Esta propuesta fue apoyada por diferentes grupos políticos, defensores de biomas y pueblos indígenas. Marina Silva, exministra de Medio Ambiente de Brasil, recordó que América Latina ha sido escenario de importantes cumbres en el tema, “en Brasil se desarrolló una de las convenciones de biodiversidad”, dijo en referencia a la Cumbre de la Tierra de 1992 y su seguimiento, veinte años después, en 2012. Para Marina, es hora de que el mundo vuelva a América del Sur.

“Apoyamos el llamado del presidente Lula. Brasil ha entrado una vez más en el escenario de la protección de la biodiversidad. Brasil, como un país mega diverso, mega bosque, con la mayor cantidad de recursos hídricos, la mayor cantidad de recursos minerales, la cultura más diversa con los pueblos indígenas, las poblaciones tradicionales de quilombolas, de pescadores, estaremos apoyando las iniciativas”, agregó Marina.

Hasta el último minuto de la COP27, desde Egipto, las y los guardianes de la selva amazónica seguirán en resistencia y elevando sus voces a favor de la vida y de la protección de la madre selva.

Nota. La participación de Agenda Propia en la COP27 se logró gracias al Pulitzer Center, su iniciativa Amazonía Lab y al Amazon Rainforest Journalism Fund.

Texto editado por Jonathan Watts y edición en español por Nathalia Salamanca.

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