Las comunidades indígenas, sembradoras de café, caña y cultivos de pancoger, perdieron sus casas durante el terremoto. Claman ayudas como alimentos y materiales para la reconstrucción de sus viviendas y escuelas. Las mujeres requieren atención psicológica.
Francia Elena Giraldo Guasorna vio como los caminos de su comunidad se agrietaron en minutos. El fuerte movimiento de la tierra dejó su casa partida en varios pedazos. Ahora es inhabitable. En su cuerpo hay temor y en su memoria recuerdos de angustia.
Ella es indígena Emberá Chamí. Vive en la comunidad Tuma Drua, del Resguardo Unificado Río San Juan, del municipio de Pueblo Rico, Risaralda.
En su territorio de montaña, el terremoto de magnitud 7,4 se presentó con mucha fuerza en la mañana del 10 de agosto; debido a que es zona limítrofe con el departamento de Chocó, región del epicentro.
“Perdí la casita, en mi finca en la vereda San Luis. Mi hija perdió la casita que tenía en el municipio de Pueblo Rico, que era una casita que nos servía para que mis hijas estudien. La casita ya la revisó bomberos y dijo que no se podía habitar”, dice preocupada.
Francia relata que la infraestructura comunitaria quedó muy averiada. “A nivel del resguardo hubo muchas afectaciones en escuelitas, colegios”. Allí las clases están suspendidas.
En el Resguardo Unificado Río San Juan, hay 105 casas destruidas. De esas, diez están en la comunidad de Francia. Adicional, 280 presentan daños y se convierten en lugares riesgosos para habitar, según cifras del censo realizado por las autoridades indígenas con el apoyo de la Alcaldía y bomberos.
El líder comenta que en este momento, algunas de las personas damnificadas están viviendo en las casas que presentan daños en techos y grietas en paredes. Otras familias están en albergues temporales, mientras son reubicadas.
“También somos seres humanos, necesitamos el apoyo de instituciones que nos puedan brindar porque en cada familia viven en una casita con tres matrimonios, doce personas en una misma casita, y esas casitas quedaron derrumbadas. Entonces, pues, me da mucha lástima, hasta me dan ganas de llorar”, dice el gobernador angustiado.
Risaralda es uno de los departamentos más golpeados por el terremoto. Los reportes oficiales registran más de cien personas fallecidas, 559 heridas, 270 desaparecidas y más de 9.000 viviendas destruidas y averiadas. También cien instituciones educativas quedaron inhabilitadas, informó la Gobernación.
Mujeres cultivadoras afectadas
Francia lidera la asociación de mujeres indígenas Werara Duce Chikua, integrada por 30 productoras de panela y cultivadoras de café, caña, cacao y plátano, y artesanas que tejen collares coloridos como chaquiras para su subsistencia.
Las mujeres requieren alimentos para sus hijos e hijas, y productos de primera necesidad, higiene y elementos como colchonetas, cobijas, frazadas y ropa. Además necesitan atención psicológica.
En ese territorio los sismos no han parado desde el día en que se registró la tragedia. “Las réplicas siguen, por ejemplo, que noche hubo tres temblores”, dice Francia.
La tierra presenta grietas profundas. Les genera preocupación volver a los cultivos de café y pancoger debido a que los terrenos quedaron inestables tras el terremoto. La recomendación de las autoridades indígenas es abstenerse a visitar algunos lugares hasta evaluar todos los daños.
“La zona nuestra es un poco montañosa. No hemos vivido en ningún plano, estamos a larga distancia por comunidades. Los cultivos con el sismo todo se derivó y están en una zona riesgosa. No sé qué es lo que van a hacer, para dónde lo van a reubicar”, se pregunta Jesús.
El Servicio Geológico Colombiano (SGC) reportó más de 270 réplicas después del terremoto que tuvo epicentro en San José del Palmar, Chocó. El temblor más reciente se presentó en la mañana del domingo 16 de agosto con magnitud de 3,1 en Sipí (Chocó). Los movimientos se han concentrado principalmente en San José del Palmar y Sipí, con magnitudes entre 1,4 y 4,8. El SGC explicó que las réplicas son normales y pueden continuar durante días y semanas mientras el área afectada se equilibra.
Con nostalgia Francia asegura que poco a poco la comunidad había mejorado las condiciones en su territorio, como caminos de acceso, pero ahora, vuelve la incertidumbre. “Hace alrededor de dos años tenemos un camino ancho, donde ya las mujeres que producen pueden sacar, ya no tienen que cargar al hombro”.
Las mujeres Emberá, además son cuidadoras del agua y de la naturaleza. Esta labor la hacen en comunidad y con el apoyo de sus autoridades tradicionales.
“Somos un territorio muy sano, donde respiramos aire puro, donde tenemos una linda flora, una fauna, donde tenemos agüitas naturales, somos afortunadas de que vivimos en un entorno de naturaleza y respirando aire puro que es lo más importante”, expresa Francia.
La comunidad Tuma Drua, también está preocupada por el fenómeno del niño. Desde antes del terremoto había alerta por la disminución del agua.
“Somos alrededor de 500 personas que hacemos parte de la zona uno, porque el Resguardo Unificado está dividido en cinco zonas. No tenemos agua. Hay muy poca para todas esas personas, entonces, eso también nos afecta en todo”, asegura Francia.
Población indígena en Risaralda
En Risaralda viven más de 30.000 indígenas. La mayoría son de los pueblos Emberá Chamí y Emberá Katío, según el Censo de Población del DANE de 2018. Comparten territorio en zonas cafeteras, de montaña y en contextos urbanos.
En ese departamento, las comunidades son productoras de café, caña y cultivos de pancoger. Conservan su medicina tradicional, la lengua emberá y su cosmovisión.
Los daños en territorios indígenas de Risaralda se concentran en trece municipios: Pueblo Rico, Mistrató, Apía, Santuario, Balboa, Marsella, Guática, Belén de Umbría, Quinchía, Pereira, La Celia, Dosquebradas y Santa Rosa de Cabal, de acuerdo con información entregada por comunidades y el Consejo Regional Indígena de Risaralda (CRIR).
“Si bien las afectaciones ocasionadas por el terremoto son graves en las ciudades y centros poblados, en los territorios indígenas se suman factores como las grandes distancias, la dispersión territorial, las dificultades de transporte terrestre y fluvial, las limitaciones de conectividad y la precariedad de las vías y caminos de acceso”, informó la Confederación Nacional de los Pueblos de la Gran Nación Emberá de Colombia.
Campaña humanitaria
Francia lidera una campaña humanitaria para recolectar fondos y ayudar a las mujeres. Su labor social es muy reconocida en el territorio e incluso ha recibido premios, como el de Mujer Cafam. En medio de esta emergencia eleva su voz para ayudar a su comunidad.
“Tengo muchas compañeras que en este momento necesitan de nuestro apoyo. Yo siempre he luchado buscando la equidad de género de la mujer indígena, de la mujer afro, de la mujer campesina. Hay muchas presidentas de juntas de acción comunal que también tienen muchas necesidades”.
Las personas interesadas en apoyar a la asociación que lidera Francia pueden hacer las donaciones, desde Colombia a la cuenta de ahorros N.º 4-575-53-00437-3, del Banco Agrario, a nombre de la asociación. Se pueden comunicar al 3155664476 o escribir al mail de contacto: werachikua@gmail.com.
La Organización del Consejo Regional Indígena de Risaralda, también ha hecho pública una campaña para recibir apoyos. El punto de recepción de alimentos no perecederos es la Calle 24 No. 3-39, al lado del hospital San Jorge en la ciudad de Pereira. El contacto de las personas encargadas es Marco Fidel Guasarabe Dregama, consejero mayor, celular 314 880 4807 y las donaciones monetarias, las reciben en la cuenta de ahorros de Bancolombia, No 85100006818.
Nota. Esta historia de la cobertura colaborativa "Voces y latidos humanitarios", se realiza gracias a los aportes voluntarios que Agenda Propia está recibiendo en el marco de la campaña de donaciones para sostener nuestro medio de comunicación independiente. Promovemos el Periodismo Colaborativo Intercultural en América Latina.
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