Cientos de bogotanos llegan cada día hasta la sede de la galería de arte indígena Aborigen para aportar donaciones. La galería es un espacio conformado por 280 reservas indígenas de Colombia.

Colombia

La Fundación Aborigen moviliza la solidaridad de los bogotanos para las comunidades indígenas del Chocó

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Aug 17, 2026 Compartir

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Organizaciones de la sociedad civil apoyan a las comunidades indígenas del Chocó y otras regiones colombianas afectadas por el terremoto. La Fundación Aborigen desde la capital del país lidera una campaña humanitaria. 

María Galeano no se imaginó que una llamada que recibió contando los impactos del terremoto en dos territorios de comunidades Emberá del Chocó y que luego ella contó en redes sociales, generaría un movimiento en el que más de 1500 voluntarios se han sumado. Gracias a las donaciones de cientos de bogotanos, han logrado recoger, clasificar y enviar más de 70 toneladas de ayuda humanitaria a algunos de los territorios más recónditos del Chocó, uno de los departamentos históricamente más olvidados.

La galería de arte indígena Aborigen, ubicada en el corazón de Usaquén -una de las localidades de Bogotá-, se convirtió en un improvisado centro de operaciones en el cada día cientos de voluntarios operan durante más de 12 horas, recibiendo donaciones, clasificando, empacando, marcando, cargando camiones, entre otros.  

El pasado 10 de agosto a las 7:34 a.m., un terremoto de magnitud 7.4 dejó cientos de miles de damnificados en Colombia, con mayor concentración en los departamentos de Quindío, Risaralda, Valle del Cauca, Caldas y Chocó. 

El epicentro fue en San José del Palmar, en el departamento del Chocó, un municipio con una población estimada de entre 5.000 y 6.000 habitantes y del que la mayoría del país no conocía hasta que el terremoto lo hizo famoso.

“Hoy restituimos un día de comida, un poco de dignidad, un segundo de alegría para las más de 15.300 almas que nos esperan en el territorio, caminando incluso más de 14 horas descendiendo la cordillera para poder llegar a recibir las ayudas que cada uno de ustedes envían. 

Caminan con burros y con sus corazones llenos alegría a pesar del hambre y de estar durmiendo en la intemperie para recibir el alimento, y regresar otras 14 o 16 horas con las ayudas para su gente”. Afirma María Galeano, lideresa de la iniciativa de recaudación y miembro de la Fundación Aborigen.

No importa si es martes o domingo, si son las tres de la tarde o las dos de la mañana. Las pintorescas calles de Usaquén se han vuelto una amalgama humana sobre la cual fluyen bolsas y cajas llenas de leche, panela, arroz, legumbres, enlatados, productos de aseo, ropa, almohadas, colchonetas y todo lo que pueda ser de utilidad para los habitantes de los cerca de 100 resguardos indígenas legalmente constituidos en el territorio del Chocó. 

Hoy, no se ha llegado ni al 20% de ellos, pero la idea es llegar a la mayoría posible, confiar en que con el paso de los días se mantenga la ola de solidaridad de las personas, empresas y organizaciones y seguir sumando voluntades para gestionar transporte terrestre y fluvial que permita llegar a donde más lo necesitan, dice María.

Estimaciones y proyecciones de organizaciones étnicas locales sitúan la presencia indígena actual en dicho territorio, en cerca de 100.000 personas, integradas por los pueblos Emberá (Katío, Chamí, Dóbida y Eyabida), Wounaan y Gunadule principalmente. 

Llena de esperanza ver a miles de voluntarios como Amanda, una abogada que aprovechó unos días de descanso que había pedido en su trabajo para, junto a sus dos hijas, sumarse a varias de las jornadas de voluntariado en las que se ha improvisado cadenas humanas, habilidades de empaquetado, selección de productos, embalaje de cajas y hasta distribución de agua para las cientos de personas que están tratando de encontrar la forma de “hacer lo posible” para ayudar.

“No es fácil ver la situación tan difícil que están viviendo tantas personas en el país. Es casi imposible que uno siga con su vida como si nada”, afirma Juan Camilo Ramírez, contador y voluntario. 

La magnitud global de la tragedia puede estimarse en las cifras oficiales más recientes según la Unidad Nacional de Gestión de Riesgos y Desastres (UNGRD) 287 fallecidos, 194 desaparecidos, un total de 15 de los 32 departamentos de Colombia con daños y más de 185.900 personas afectadas.

Hoy se sigue atendiendo la necesidad más urgente: ropa, alimento, productos de aseo. Sin embargo, es claro que las necesidades van a ir cambiando con el paso de los días: se requieren carpas, elementos de construcción, cobijas, colchones, camas, soluciones de energía solar, conectividad, transporte terrestre, aéreo y fluvial para seguir llegando a los territorios más alejados. Aquellos donde no llega ninguna carretera o río navegable. 

La galería, ubicada en la Carrera 6A #116-17, tiene abiertas las puertas desde las 9:00 a.m. hasta las 10:00 p.m. para recibir las ayudas. 

Así como en Usaquén en distintos lugares de Bogotá se están movilizando apoyos para todos los damnificados.

Quizás, la tragedia sea ahora una oportunidad para que la solidaridad del pueblo colombiano siga abrazando a los territorios desconocidos u olvidados en los que comunidades enteras mantienen la esperanza de ser vistas, escuchadas y tenidas en cuenta, como un acto de “reivindicación” histórica con quienes cuidan la tierra que habitamos, el agua que tomamos y el aire que respiramos. 

Nota. Esta historia de la cobertura colaborativa "Voces y latidos humanitarios", se realiza gracias a los aportes voluntarios que Agenda Propia está recibiendo en el marco de la campaña de donaciones para sostener nuestro medio de comunicación independiente. Promovemos el Periodismo Colaborativo Intercultural en América Latina. 

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