Guardia indígena: la fuerza del territorio en la ciudad

Guardia indígena: la fuerza del territorio en la ciudad

29 de Mayo de 2018

Unos 80 indígenas integran este organismo encargado de preservar el orden en las marchas y asambleas que se realizan en Bogotá. Igual que en sus territorios, los guardias portan un bastón de madera con cintas de colores, símbolo de autoridad. 

En los territorios o resguardos, la guardia indígena se encarga de mantener el orden, controlar la llegada de gente extraña y acompañar las movilizaciones y asambleas; en zonas de conflicto también han hecho frente a los actores armados. En la ciudad, su labor se centra en acompañar las marchas y las reuniones de las comunidades ya establecidas en la gran urbe.

“Nos hemos convertido en un proceso de visibilización de nuestra propuesta sin armas porque andamos solo con bastones”, dice Luis Alfredo Acosta Zapata, más conocido como Lucho, y quien pertenece al pueblo Nasa del Cauca. Este concepto de fuerza civil nació a principios del 2000, en las montañas de esa región del suroccidente colombiano, cuando un puñado de indígenas se organizó para hacer resistencia a los grupos paramilitares, a los cuales les atribuían la desaparición de algunos indígenas del resguardo de Tacueyó.

Lucho, quien coordina la guardia de todo el país desde la Organización Nacional Indígena de Colombia, Onic, asegura que más de 40 mil hombres y mujeres, de 25 etnias, forman parte de estos organismos.

El líder Nasa explica que en las grandes ciudades la labor de los guardias se coordina con la Policía. “En los territorios tenemos total autonomía y tenemos nuestras autoridades indígenas. Aquí hacemos acompañamiento a los cabildos urbanos y controlamos a nuestras propias familias”. Aclara que si suceden hechos de violencia o maltrato contra nativos en las calles, los casos pasan a las autoridades competentes.

La guardia es uno de los procesos comunitarios que los pueblos indígenas han trasladado de las regiones y adaptado en las urbes, como también lo han hecho con los rituales, los tejidos y distintas formas de gobernanza.  

Las etnias Nasa, Inga, Pijaos, Kamëntsá, Uitoto, Wounaan, Muiscas y Embera ya tienen en la capital colombiana sus grupos de control, algunos con más experiencia que otros, pero todos tienen como objetivo conservar la autoridad y la fuerza del territorio.

Los Pijaos y su actividad de control

El crecimiento de las familias indígenas en la metrópoli, la mayoría víctimas del conflicto armado, llevó a que varias comunidades se vieran en la necesidad de conformar sus propios mecanismos de control. Uno de estos casos es el pueblo Pijao, el más grande de Bogotá.

Hermes Ortiz, de 66 años, alguacil mayor del cabildo Ambiká Pijao, fue uno de los primeros indígenas Pijaos, -originarios del sur del Tolima-, en llegar a la capital. Relata que por razones del conflicto armado decenas de familias salieron de sus resguardos y buscaron refugio en la capital del país. A principios del año 2000 ya había casi mil quinientas personas. Con el deseo de mantener sus tradiciones decidieron crear un cabildo urbano y elegir a sus autoridades: gobernador, alcalde, alguaciles y comisario. Hoy son 2.600 Pijaos. La mayoría vive en la localidad de Usme.

Hermes comenta que, ya organizados, realizaban con más frecuencia actividades culturales y sociales, como el festival de la chicha y asambleas comunitarias. En esos encuentros vieron que cuando se reunían todas las familias era muy difícil mantener el orden, por lo que hace siete años fundaron la guardia indígena, que hoy la integran 20 hombres y mujeres.

“Tuvimos muchas discusiones para crearla. El primer lineamiento es que es un pie de fuerza de control interno”. Hermes añade que ellos usan como bastón de mando, un perrero (vara larga y delgada), “digno de su cultura” y un chaleco con el lema: Saber, Paz y Orden. 

“La principal filosofía es el saber, ese saber que se transmite de generación en generación. Paz, porque deben ejercer su actividad en paz sin llegar a pegarle o hacerle daño a la gente, y orden, porque es la que orienta y garantiza que las cosas se hagan como se planearon”, explica.

Para hacer parte de la guardia deben cumplir ciertos requisitos: ser indígena de la misma etnia, tener mucha disposición para los llamados de servicio, y en palabras de Hermes “demostrar una hoja de vida excelente, debe ser una persona idónea”. Todos son elegidos por la comunidad.

Los integrantes se han capacitado en derechos humanos, primeros auxilios y cosmovisión indígena. Hermes asegura que mantenerla no es fácil debido a que se requieren recursos para las capacitaciones, el transporte y alimentación cuando participan en marchas o eventos y, sobre todo, se necesita que los participantes cuenten con tiempo y voluntad ya que este trabajo lo realizan de manera voluntaria.

Un guardia Nasa en Bogotá

Nelson Enrique Bastos Silva, del pueblo Nasa, empuña con una de sus manos el bastón de mando hecho de madera de chonta. Con la otra se agarra del tubo de hierro de un bus de Transmilenio. Su destino es el parque Tercer Milenio, donde se encontrará con 20 jóvenes Embera Katío y Chamí que se preparan para ser guardias indígenas en Bogotá.  

Dice que el bastón es “su mujer”. Sonríe y añade que en su cultura el bastón simboliza la fuerza y el territorio, es decir “la madre tierra, la que nos da los frutos”. Para él no existe la posibilidad de separarse del bastón. Lo lleva al trabajo, a la Universidad Antonio Nariño, donde cursa Derecho, y a todas las actividades que realiza a diario; así lo aprendió desde niño.

La gente que va cerca de él en el bus de Transmilenio lo observa con curiosidad. Dice que ya se acostumbró a la mirada de los bogotanos hacia él. Les llama la atención el bastón con cintas de colores. 

Los Nasa adornan sus bastones con cintas verdes y rojas. El verde simboliza la naturaleza; el rojo, la sangre que derramaron sus ancestros en defensa de su territorio. 

Nelson, tiene 33 años de edad y lleva seis viviendo en la ciudad. Salió de la región de Tierradentro, límites de Cauca y Huila. En la capital del país ha sido coordinador de la guardia indígena de los Nasa y capitán del Cabildo.

Luego de 20 minutos de recorrido en transporte público, Nelson desciende del bus en una estación cercana al parque Tercer Milenio, en el centro de Bogotá. 

“Ewçxa”, saluda en su lengua a los Embera, jóvenes indígenas que también portan sus bastones. Nelson comienza la capacitación enseñando el significado de ser un guardia indígena.

Primero les comparte acerca de la Ley de origen, es decir de sus ancestros. Luego les habla de la importancia del bastón y su conexión espiritual con la tierra. También les comenta que ese elemento “los identifica en las movilizaciones y se usa para controlar a la gente y organizar el escenario”, y finalmente aclara que en la “ciudad no ejerce una actividad policial, sino que ayuda a controlar el orden donde están las comunidades nativas y su labor se enfoca más a la convivencia”.

La capacitación avanza con ejercicios físicos. “Es importante la fuerza de nuestro cuerpo, que se complementa con la fuerza de los pensamientos”, asegura en voz alta mientras supervisa que los jóvenes hagan cuclillas o sentadillas.

Nelson hace este tipo de orientaciones desde el 2015, cuando fue coordinador de la guardia Nasa, que llegó a tener 25 miembros.

“Durante ese periodo reunimos a los jóvenes, mayores y niños, les enseñamos el uso del bastón y el respeto hacia nuestra cultura. Estamos lejos del territorio (del Cauca), pero eso no significa que estamos lejos de nuestras costumbres”, puntualiza.

De igual manera, lideró un programa especial, como gestor de convivencia, con las barras bravas de los equipos de fútbol de Santa Fe, Millonarios y Nacional. Otro con jóvenes pertenecientes a grupos de música urbana, como Rap y Hip-Hop, y también compartió la experiencia de la guardia con estudiantes de las universidades Nacional, Autónoma y Distrital.

“Fue una experiencia bonita, quedan esas huellas de esos círculos de palabra. Nosotros decimos que venimos a la ciudad a poner a correr la palabra que nos dieron nuestros mayores”, reflexiona. 

Han pasado dos horas y el encuentro termina con una ronda de intercambio de saberes entre las culturas Nasa y Embera. Nelson se despide de sus hermanos indígenas y se encamina hacia su trabajo en la Secretaría de Seguridad, Convivencia y Justicia de la Alcaldía de Bogotá.