Foto. Suministrada.

El Catatumbo, ubicado en Norte de Santander, es una de las regiones más conflictivas de Colombia. La coca, el contrabando de gasolina y la disputa entre distintos grupos armados hacen de esta zona un punto débil para la implementación de la paz territorial. Sobre los retos que implica transformar la región a una mirada al posconflicto se refiere Ómar Alberto Sánchez Cubillos, obispo de la Diócesis de Tibú. 

¿Cuáles son los obstáculos de la paz territorial en Colombia especialmente de las regiones que enfrentan problemáticas sociales y de violencia armada?

En principio hay que hablar que se va a abrir un horizonte muy bueno y hay muchas ganancias de la paz territorial. Es un proceso donde esos territorios no han vivido la institucionalidad del Estado de manera regular y la institucionalidad del Estado siempre ha sido a través del aparato militar o de instancias lejanas que no han cumplido el objetivo; eso será un gran reto de cómo el Estado se acerca a esas regiones en el modelo que estamos planteando que es empezar ir a la periferia y no ir de manera digamos impositiva sino en una actitud de diálogo con la región para poder con la región empezar a construir ese futuro que los territorios deben alcanzar.

¿Cuál es el desafío de la región del Catatumbo, para lograr la paz territorial conociendo realidades como el poder de lo ilícito, por ejemplo la coca?

El Catatumbo tiene tanta coca que tendrá que hacer un gran esfuerzo para recuperar el agua, para reforestar tanta devastación que hubo, arrancar del corazón la transmutación que hay de la cultura campesina lícita, de la cultura campesina un poco empobrecida a pasar a la cultura coquera eso es otro componente que está lleno de alcohol, de despilfarro, de un elemento también mental inconsciente de lo ilícito. Grandes retos en ese sentido que se suman a retos enormes con relación a poner de acuerdo, a poner en sintonía a grandes bloques de liderazgos, de sectores distintos de derecha, de izquierda con intereses concretos de orden económico, político y social.

¿Qué decir frente al tema del poder de las armas? ¿Cómo se percibe el ambiente en medio de los diálogos de paz que se realizan en La Habana (Cuba) con las Farc?

En mi territorio las Farc no son el único grupo, está de manera muy contundente el Eln y el Epl, y entonces el sabor de la paz es algo así como que a ti te invitan a un almuerzo y te dicen te tienes que comer el aperitivo pero todavía todo completo no, con esa sensación de que no va a poder ser, como que no vamos a poder disfrutar. Habrán territorios donde las Farc son más integrales, son únicos y es muy probable que ahí se vean resultados más rápidos. De hecho en nuestros territorios ya se sintió ello han cumplido en un sentido estricto los actos de confrontación directa militar, pero hay otras cosas que siguen operando como el control de territorio, cobro de impuestos, etc. pero digamos que han cumplido.

¿Hay escepticismo o esperanza en El Catatumbo frente a la paz?

Para uno el parámetro de una paz real es salir a un municipio donde nadie lo controle, que nadie le diga que debe hacer, que debe callarse, en el Catatumbo eso no es normal. Las generaciones que están ahí, llevan viendo actores que marcan territorios, que dice que no se puede hacer, cuando se puede hacer, de que se habla, de que no se habla, para ellos es muy difícil pensar que eso mañana no va a existir. Además tienen un acumulado de desencanto del Estado por las cosas que ha hecho con la población civil. También todo el tema paramilitar que ocurrió allá dejó una lesión muy grande. La gente allí se acostumbró a pelear a la guerra, a conseguirlo todo mediante paros y exigencias. Realmente va hacer muy difícil que esos actores no se transmuten en otra cosa. La gente haya no tiene el fervor. 

¿Conocen en Norte de Santander cómo se van a desarrollar las inversiones de los recursos del posconflicto?

Ese es el otro gran desafío, el tema de los recursos. Qué quien los va administrar, a través de qué mecanismos van a llegar a los territorios, quien va a ejecutarlos, de qué manera, con qué modelo, con qué veedurías, con qué controles, porque digamos serán años, está es una paz que va a tardar por ejemplo en mi territorio, estamos casi convencidos que antes de 15 años la gente no va ha saborear lo que significa esta decisión de hoy, pero si cada recurso se invierte bien, si hay inteligencia de un Estado que tiene que pasar de ser un Estado fallido en esos territorios a un Estado comprometido, a un Estado que pone a la periferia en sintonía con el centro del país, si los actores armados que vienen así como el Estado las dos partes cumplen y si la sociedad civil entra, porque en este momento para mi uno de los temas grandes en nuestros territorios que han sufrido la guerra, la gente lee con mucho escepticismo esto que está pasando, lo interpretan con una desconfianza, con una cosa improbable, con un código de desesperanza muy impactante para mi, entonces devolver esa esperanza, hacerlos creer eso va a tardar tiempo. En cada tema de lo que haya que mirar aquí de lo jurídico, institucional, económico, en la cultura de paz que hay que meter en estos territorios, en los liderazgos, en los protagonistas es inmensa la tarea sobre la paz.

¿Qué piensa de la guerra y de la paz? 

La guerra es más simple. En Colombia son dos cuerpos de guerra, con ideologías, con tendencias, con propósitos distintos que están diseñando estrategias de combate, de debilitamiento del otro donde salimos de alguna manera afectados, los de la mitad. La guerra es simple, es conseguir recursos para alimentar, pero la paz es compleja, de una complejidad altísima, y en ese sentido pues nos toca saber esperar.